domingo, agosto 12, 2007

Improvisación en el violoncello: introducción

La improvisación en casi todos los instrumentos de corte netamente clásico, como es el violoncello, es bastante descuidada en los conservatorios y escuelas, por no decir que directamente ni se menciona.
Cuál es el problema? Un concepto malentendido de los músicos cultores del género “serio” (como si los otros géneros fueran humorísticos) quienes creen que los compositores son los únicos autorizados a generar material musical y los intérpretes deben ser meros reproductores de ese material.
Si observamos un poco la historia de la música, esto no fue siempre así: músicos “serios” (por que no se reían?) como Bach y Mozart fueron conocidos como grandes improvisadores, cosa que no fue llamativa porque improvisaran, sino porque lo hacían muy bien. Cualquier clavecinista de la época barroca pasaba gran parte de su tiempo de interpretación improvisando, leyendo cifrados y haciendo su parte siempre distinta.
Es lógico que si consideramos a la música como pariente del lenguaje, cosa que salta a la vista (o más bien al oído, ya que ambos son códigos de sonidos ordenados y significantes) y pensamos en cómo se aprenden los idiomas, concluiremos que la enseñanza musical esta tergiversada. Cuando un niño aprende a hablar, al principio repite los sonidos, dentro de un contexto, hasta que comienza a asociarlos con los conceptos que experimenta en el mundo que está explorando. Apenas posee un repertorio simple de dos o tres palabras, ya comienza a usarlas por su cuenta. Qué hace? Nada menos que improvisar. Luego, a medida que su cerebro y su mente se desarrolla, aprende más y más palabras, comprende en forma empírica su gramática y su correcto uso de acuerdo a su medio social, y llegamos al resultado esperado: se comunica.
Por qué la pedagogía musical de conservatorio no produce “entes comunicantes” y solamente logra meros repetidores de palabras sin significado? Porque se olvida de este sistema natural de aprendizaje y pretende que un alumno aprenda a “hablar” con muchísima habilidad y eficiencia, pero sólo leyendo discursos escritos. Por qué no permitir al alumno, apenas ya posee dos o tres “palabras” musicales, combinarlas libremente, equivocarse al usarlas, probar variantes, etc. Eso sería improvisar! Por qué prohibir al pobre músico en ciernes conocer su propio lenguaje? Por qué crear simples reproductores en lugar de gente creativa? Hay muchas explicaciones, muchos culpables.
De todas maneras, nunca es tarde para aprender, como tampoco es tarde nunca para conocer nuevas lenguas. Lógicamente, un cellista muy experimentado con su instrumento, capaz de tocar pasajes endemoniados y virtuosísticos, se sentirá “vacío” e indefenso al empezar a probar la improvisación simple de algunas frases. Pero hay que evitar asustarse, no perder la calma, y volver un poco a la “infancia musical” para poder lograr entender cómo se maneja ese material para lograr lo que buscamos: la propia expresión.


Comienzos


No hay un solo estilo para improvisar. Nadie está obligado a aprender jazz si no lo desea. Es un error asociar la improvisación solamente a este estilo musical. Se puede improvisar en cualquier género, lo que sucede es que el jazz es una música que basa casi todo su desarrollo en la improvisación y la ha llevado a límites extremos.
En estos primeros ejemplos, usaremos un estilo neutro, que puede ser asociado a cualquier música por su simplicidad. Luego podremos ir metiéndonos en el jazz, por qué no, y otras músicas.

Para empezar, hay que hacer un breve repaso de la armonía funcional, que estará disponible en otro artículo de el sitio ARGENCELLO.
Supongamos que esto ya está hecho y ya podemos comenzar con las bases de la improvisación, que es común a todos los instrumentos melódicos (hasta la voz) pero nosotros obviamente nos basaremos en el violoncello.Comenzaremos usando arpegios, la mejor manera de entrar en contacto con la armonía de la secuencia que usaremos. Si bien no es preciso usar una base armónica para improvisar, muchas veces sucede y usaremos la armonía como basamento de todo lo que aprendamos al principio.

Los arpegios los tocaremos de la siguiente forma, para ir repasando y poniéndonos en contacto con la armonía desde el instrumento:
impro1

La armonía es muy simple, una secuencia diatónica dentro de la tonalidad de Do mayor (C)
Puede grabarse o secuenciarse estos compases, en cualquier estilo, sólo para tener una base más divertida que un metrónomo, y ya tener la sensación de estar tocando en grupo.
Realizamos los ejercicios lentamente al principio, puede hacerse en pizzicato. Cuando se llega al final de la secuencia, se repite.
El siguiente paso es tocar los arpegios no sólo en subida, sino en bajada, o sea ida y vuelta. Do-Mi-Sol-Do-Sol-Mi-Do.

La cosa sigue, pero si quieren saber más deben ir a buscar el artículo en ARGENCELLO...

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